La sociedad es tan víctima como cómplice del Estado intervencionista. Es verdad que numerosos programas estatales medran al abrigo de grupos de presión que, en connivencia con el gobierno, buscan beneficiarse a costa de los demás. Pero al final del día el Estado del Bienestar goza de buena salud porque la mayoría de gente cree, equivocadamente o no, que es justo y beneficioso.
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