Todavía no salgo de mi asombro viendo la pública afrenta de Rajoy a su partido, que por lo visto cree de su propiedad. Es verdad que a quien Mariano busca provocar no como un presidente, ni siquiera como un militante, sino como un navajero de barrio es a Esperanza Aguirre, en la evidente estrategia del Gobierno y su pandilla mediática para triturar cualquier alternativa al zapaterismo, pero ni creo que logre que Esperanza pierda los nervios ni tampoco creo que pueda olvidar el PP, al menos la gran mayoría de sus militantes y los diez millones largos de votantes el comportamiento rajoyesco, que si no fuera tan grosero resultaría penoso y hasta miserable.